viernes, 13 de febrero de 2026

Ella era especial.

 

Ella era especial, como esas naranjas que traen hojas pegadas al rabito, entre cientos iguales, tan idénticas a bolas de billar.
Como una margarita en un campo de amapolas.
Diría que como desenterrar un fósil de helecho en Valles Marineris, o contemplar un atardecer de verano en la Luna.
Sí: creo que lo especial se confunde aquí un poco con lo raro, pero era así.

Cantaba cuando hacíamos el amor, bailaba al untar las tostadas del desayuno y, si salíamos a comprar, se reía contemplando la fruta en el supermercado, ordenada en bandejas. Decía: parecen muy respetables.

Y se fue como vino: con un conjuro. Es decir: primero dijo “te quiero”, luego “ya no te quiero”. ¡Y desapareció!

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