viernes, 13 de febrero de 2026

Ella era especial.

 

Ella era especial, como esas naranjas que traen hojas pegadas al rabito, entre cientos iguales, tan idénticas a bolas de billar.
Como una margarita en un campo de amapolas.
Diría que como desenterrar un fósil de helecho en Valles Marineris, o contemplar un atardecer de verano en la Luna.
Sí: creo que lo especial se confunde aquí un poco con lo raro, pero era así.

Cantaba cuando hacíamos el amor, bailaba al untar las tostadas del desayuno y, si salíamos a comprar, se reía contemplando la fruta en el supermercado, ordenada en bandejas. Decía: parecen muy respetables.

Y se fue como vino: con un conjuro. Es decir: primero dijo “te quiero”, luego “ya no te quiero”. ¡Y desapareció!

jueves, 22 de enero de 2026

el Titanic se fue a la mierda

Esa boca hecha de silencios y reproches,
cuánto me torturó.
Nada hay más cruel que el silencio ante quien pregunta:
¿por qué?

Es como un cesto de mimbre que intentas llenar de agua.
¿Por qué? ¿Por qué?
Así es ese silencio.

Mejor sería hundir el cesto en la corriente,
beberse el río entero
para intentar saber por qué.

Fue una mala época.
Un Titanic que naufragó con todos sus pasajeros gritando:
¡haz algo!

¿Y cómo podía hacer nada
si el capitán se ató al timón
y puso rumbo al iceberg?

¿Por qué, capitán?
¿Por qué?

Y al final era muy sencillo:
ni siquiera éramos nosotros los actores de aquel drama.
Nuestra historia había terminado hacía tiempo
y ya pasaban los títulos de crédito.


 

domingo, 28 de diciembre de 2025

el muerto

¿Cómo alguien puede convivir con un cadáver, sacarlo a pasear, darle de comer, sin sentir su mismo miedo?
Siempre está conmigo; intenta sonreírme, pero no me es grato.

¿Qué voy a hacer contigo?, le digo.

Se encoge de hombros, y su muerte es más muerte en su indiferencia.

Le saco un billete para Vigo. Vaya usted a pasar unas vacaciones.

Cuando regreso a casa, sostiene el billete entre los dedos, esperándome en el salón.

¿Qué voy a hacer contigo?

Miramos un rato la tele y nos acostamos.

Yo rezo mis oraciones.

—¿No reza usted? —le pregunto.

—No —responde—, yo ya estoy muerto.